El cambio económico en el mundo fue posible por la aplicación del conocimiento, y los países desarrollados se diferenciaron del resto, justamente a partir de aplicar conocimiento a su desarrollo social, humano y especialmente a los servicios y la producción de bienes. El conocimiento es el camino, pero para que se haga realidad, es necesario planificar un sistema de educación superior sustentable.
Hablar de sustentabilidad en la educación, puede llevar a distintos enfoques conceptuales, y en este espacio sólo buscamos reflexionar sobre una propuesta teórica, que surja desde la sociedad y la ciencia; relacionando lo económico, tecnológico, ecológico, social, cultural y político, y enfocado en el campo regional, organizacional y curricular.
La crisis económica actual muestra una faceta que nos impacta directamente, las dificultades del acceso a la Educación Superior con ejemplos como los de Chile, donde un estudiante sabe que al recibirse puede concluir con deudas que van de los 40 a los 70 mil dólares, o cuando vemos con preocupación, manifestaciones en Inglaterra, Canadá, Italia y España, donde obtener un título profesional se hace cada día más inaccesible y sólo unos pocos pueden lograrlo, entendemos que algo no está bien con la sustentabilidad.
El mercado globalizado necesita mejorar la competitividad para superar la actual coyuntura, y en ese punto, las organizaciones públicas y privadas deberán lograr mayores resultados en términos de productividad y eso se logra con innovación y creatividad.
El mosaico de realidades regionales y por país, nos indican que no se podrá lograr en corto tiempo, pero Sudamérica como región, con sus más de 320 millones de habitantes, sus recursos naturales, energía, mercado, cercanía histórica, cultural e idiomática y la incipiente industrialización, obligan a pensar una planificación de la educación superior para responder a esa realidad.
En Argentina, el programa de sustitución de importaciones que propone el Gobierno nacional, tiene el objetivo de reemplazar insumos importados para de esa manera optimizar los procesos industriales internos, generar trabajo, inclusión social y en general, potenciar la economía. En ese contexto, la respuesta de la educación superior está dando respuestas de formación de recursos humanos, pero los planteos que indican que sólo es posible profesionalizar las estructuras productivas bajo el paradigma de las titulaciones de grado, muestra algunas falencias.
La súper especialización no es el camino para todos los casos, porque los planteles que las organizaciones necesitan, incluyen mandos medios, y éstos se forman en espacios de educación técnica. Como ejemplo, se necesitan 10 mil puestos de trabajo en tecnología IT, y de ellos, un gran número debieran ser programadores y analistas, y en otro campo, por cada médico debiera haber cuatro enfermeras y en nuestro país tenemos tres médicos por cada enfermera.
En ese marco, ante la exigencia de calidad y productividad que imponen los mercados, la mayoría de las Pymes no cuentan con suficientes profesionales en sus planteles, siendo que a nivel nacional representan el 99% de las empresas de la economía, generan el 70% del empleo y constituyen el 42% del PBI; mientras en nuestra provincia significan 98,9% de las empresas, con el 75% del empleo y 54% del PBI.
Planificar la educación superior de manera sustentable es primordial, y la responsabilidad de la inversión y el compromiso, no sólo debe recaer en lo público, sino también en lo privado respondiendo a las exigencias curriculares y de calidad que la sociedad necesita para lograr una adecuada diversificación de los estudios de nivel superior, que atienda tanto a las expectativas y demandas de la población como a los requerimientos del sistema cultural y de la estructura productiva.
La crisis económica actual muestra una faceta que nos impacta directamente, las dificultades del acceso a la Educación Superior con ejemplos como los de Chile, donde un estudiante sabe que al recibirse puede concluir con deudas que van de los 40 a los 70 mil dólares, o cuando vemos con preocupación, manifestaciones en Inglaterra, Canadá, Italia y España, donde obtener un título profesional se hace cada día más inaccesible y sólo unos pocos pueden lograrlo, entendemos que algo no está bien con la sustentabilidad.
El mercado globalizado necesita mejorar la competitividad para superar la actual coyuntura, y en ese punto, las organizaciones públicas y privadas deberán lograr mayores resultados en términos de productividad y eso se logra con innovación y creatividad.
El mosaico de realidades regionales y por país, nos indican que no se podrá lograr en corto tiempo, pero Sudamérica como región, con sus más de 320 millones de habitantes, sus recursos naturales, energía, mercado, cercanía histórica, cultural e idiomática y la incipiente industrialización, obligan a pensar una planificación de la educación superior para responder a esa realidad.
En Argentina, el programa de sustitución de importaciones que propone el Gobierno nacional, tiene el objetivo de reemplazar insumos importados para de esa manera optimizar los procesos industriales internos, generar trabajo, inclusión social y en general, potenciar la economía. En ese contexto, la respuesta de la educación superior está dando respuestas de formación de recursos humanos, pero los planteos que indican que sólo es posible profesionalizar las estructuras productivas bajo el paradigma de las titulaciones de grado, muestra algunas falencias.
La súper especialización no es el camino para todos los casos, porque los planteles que las organizaciones necesitan, incluyen mandos medios, y éstos se forman en espacios de educación técnica. Como ejemplo, se necesitan 10 mil puestos de trabajo en tecnología IT, y de ellos, un gran número debieran ser programadores y analistas, y en otro campo, por cada médico debiera haber cuatro enfermeras y en nuestro país tenemos tres médicos por cada enfermera.
En ese marco, ante la exigencia de calidad y productividad que imponen los mercados, la mayoría de las Pymes no cuentan con suficientes profesionales en sus planteles, siendo que a nivel nacional representan el 99% de las empresas de la economía, generan el 70% del empleo y constituyen el 42% del PBI; mientras en nuestra provincia significan 98,9% de las empresas, con el 75% del empleo y 54% del PBI.
Planificar la educación superior de manera sustentable es primordial, y la responsabilidad de la inversión y el compromiso, no sólo debe recaer en lo público, sino también en lo privado respondiendo a las exigencias curriculares y de calidad que la sociedad necesita para lograr una adecuada diversificación de los estudios de nivel superior, que atienda tanto a las expectativas y demandas de la población como a los requerimientos del sistema cultural y de la estructura productiva.
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